La dueña de casa Suscribirse por RSS Mis fotos en Flickr

Solsticio de vacaciones

El viaje fue todo lo que esperábamos plus unos bonus track que no estaban en los planes. Contrariando a Héctor Abad, el viaje empezó antes de irnos, pero terminó una semana después de que llegamos, tiempo necesario para deshacer la maleta y archivar en orden alfabetico en la biblioteca de mi cabeza cada uno de los 14 días que estuvimos lejos.

La Paloma fue ese lugar tranquilo al que ahora entiendo, sólo Drexler pudo haberle hecho una canción. Fue el lugar donde la habitación tenía una vista tan de mentiras que había pellizcarse los cachetes para creerla. Ese escondite donde por fin celebré un cumpleaños sin llamadas fallidas, sin regalos frustrados o tortas insípidas. Cabo Polonio en cambio fue la playa que no me dejó ver los leones marinos y que me devolvió un novio enfermo a la orilla de una carretera que parecía estar más o menos en medio de la nada.

Llegamos a Buenos Aires por ese río no tan de plata y sí muy café con leche como ahora supongo deben ser todos los ríos del mundo. Dormí sonriente de pensar que habíamos logrado lo que hacía 24 horas en Uruguay parecía imposible, pero al levantarme me di cuenta que habíamos vuelto a esa carretera olvidada cuya única salida en ese momento era el hospital más cercano.

Los siguientes tres días en lugar de museos y tiendas traté de ubicar el Farmacity más cercano y el restaurante donde vendieran puré de papa y zapallo fresco. Tomaba fotos que de vuelta al Hostal le mostraba a un novio al que le pesaba la cuchara y en secreto pedía la intervención de todos los santos que tuve que conocer para hacer la primera comunión. Todavía no sé a cuál le debo agradecer ese almuerzo en el que mientras la policía se llevaba a los chefs del restaurante y Juandiego vomitaba en el baño, valga aclarar hechos inconexos, Mer pensó que quizás sus papás nos podrían ayudar.

Y bueno, de ahí fast forward a la escena en la que a la mamá de Mer se le iluminan los ojos como se le iluminan a Gregory House cuando descubre por fin qué es lo que tiene el paciente. Fast Forward a cuando me dice desde Adrogué que la droga mágica es la misma que aparece en esa canción que le había escuchado a Fito, ocho días antes, en el teatro Solis. Así me agarró la pascua, buscando a las nueve de la noche por toda Florida un Decadrón y pidiéndole a la niña del mostrador un curso rápido de inyectología.

Cuando Juandiego ya pudo pararse solo y luego tomarme de la mano al caminar entendí que así era que me gustaba más la ciudad. Cuatro doctores y dos hospitales después respiré satisfecha y me di cuenta de que por esos días fui tan adulta como esas personas que en las mañanas toman café, leen el periódico y pagan siempre a tiempo las tarjetas de crédito. Espero nunca tener que volver encontrarme con ese álter ego.

Mientras termino este post tan largo, tan personal y tan falto de prosa como la vida misma, trato de no aburrirme con tantas cosas, de levantarme más temprano, comer menos dulce y ver cómo le voy a hacer ahora que al parecer pasaré de empleada a empleadora precoz. Mientras termino este post escucho Ximena Sariñana y pongo un punto final cuando Juandiego aparece en la puerta con la bandeja de la comida.

Notas al margen:
1. Para los que no las hayan visto aún acá están las fotos del viaje.
2. Modernois vuelve a tomar impulso, esta vez con un par de cambios y nuevos colaboradores.